Vision Iberoamerica

Viernes 21 de Agosto de 2009 18:56

Intolerancia política

por Marcelo Cosinn
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Tolerar quiere decir aceptar al otro. Aunque a uno no le guste el otro. Aunque disienta con las ideas del otro. También implica un esfuerzo, un acto de voluntad consciente. Un acto de racionalidad.
Todo esto que implica la tolerancia es lo que falta en la política argentina.
Diálogo entre sordos, falta de cultura, imposibilidad de escuchar, intereses particulares y muchos otros son los climas que envuelven la discusión política que se desplazan a la sociedad en su conjunto.
Tolerar quiere decir aceptar al otro. Aunque a uno no le guste el otro. Aunque disienta con las ideas del otro. También implica un esfuerzo, un acto de voluntad consciente. Un acto de racionalidad.
Todo esto que implica la tolerancia es lo que falta en la política argentina.
Diálogo entre sordos, falta de cultura, imposibilidad de escuchar, intereses particulares y muchos otros son los climas que envuelven la discusión política que se desplazan a la sociedad en su conjunto.
Una habitual oyente de Radio Mitre de Buenos Aires, que tiene la posibilidad de comunicarse con programas de la emisora y no pierde la oportunidad, dijo hace pocos días que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner es culpable de la gripe A que azota a la ciudad.
Como ya es moneda común, los mitos ruedan como bolas de nieve. Especialmente las mujeres no dejan de intensificar la "pasión" de Cristina por las carteras Vuitton. Lo más liviano que le adjudican es "pintarse como una puerta", gastar en suites de hoteles europeos la plata de los "pobres" y ser sobre todo "una soberbia".
Ser mujer no la ayuda especialmente y mucho menos frente a sus congéneres. Muchos no dudan en
adjudicar al gobierno el mote del "más corrupto de la historia argentina".
Nadie deja de saber a quiénes se refiere el título predilecto de los informativos de radio y televisión, cuando mencionan "a la pareja presidencial". La realidad es que no es una pareja presidencial sino apenas una pareja, un matrimonio que tiene la singularidad de ser ambos, uno después del otro, presidentes de la Argentina.
El calificativo que más se escucha anteponiendo a su cargo es el de "yegua", siendo su interpretación según el argot porteño, algo así, como mujerzuela o guaranga.
No hace falta rasgar demasiado en la historia para encontrar semejanzas con Evita Duarte de Perón.
Pero la intolerancia política no es notoria solamente por los insultos y descalificaciones a la primera magistrada del país. Tanto los políticos oficialistas como los opositores practican el juego de usar como principal argumento el insulto y el desprecio por el contrincante.
Elisa Carrió, denunciante apocalíptica tradicional, candidata a presidente en dos oportunidades y líder de una alianza opositora, cumple su función vocacional atemorizando con crisis, tormentas, hechizos y otras banalidades. Es incapaz de reconocer una sola acción positiva del gobierno. Ni una sola. Aunque sea, reconocer, mínimamente, que el oficialismo, en el poder, en los últimos seis años logró bajar la desocupación, los índices de pobreza, aumentar el nivel de vida de los jubilados, sostener los más básicos derechos de los ciudadanos.
Nada. Absolutamente nada, para Elisa Carrió.
Después de las elecciones parlamentarias de Junio pasado, el gobierno herido en los flancos, reconoce la derrota, no sin antes haber intentado minimizarla. Da señales de haber escuchado el famoso "discurso de las urnas". Llama a un diálogo a los partidos políticos y a los dirigentes del campo. Baja la cabeza, reconociendo haber perdido. Reconociendo con no poco dolor en su orgullo que es necesario recomponer. Entonces invita a dialogar. Dialogar era, antes de las elecciones, el principal argumento de los opositores para atacar al gobierno. "No dialogan", "No quieren escuchar", "Son incapaces de abrir las puertas".
¿Qué pasa cuando el gobierno llama al diálogo?.
La oposición definió al gobierno como mentiroso, desconfiando de la apertura calificándolo como engañador, simulador, deshonesto y sobre todo, de "abrir el diálogo, justo ahora, después de haber perdido, una vez que están terminados".
Todavía ¿es posible que la sociedad lea estos continuos estados intolerantes de uno y otro lado como un desafío a la unidad en bien del país?. ¿Es posible que los ciudadanos comunes se interesen por la política como una disciplina que tiende al bien común?.
La respuesta es no. Los políticos van hacia un lado y la gente hacia el contrario.
La política ya no es ni una ciencia ni un arte. La política es un negocio cuyos players no advierten que van camino a ser desconocidos para siempre.
La política y el fútbol comienzan a parecerse en sus destinos.
Así como ya casi nadie va a los estadios a ver un espectáculo y disfrutar del juego sino a pelear, a disputar un lugar de poder. Así como cada vez importa menos lo deportivo y más las apuestas y ganarle al otro sin considerar con que medios, así se toman en cuenta las elecciones.
Ganar es lo primero y único que aparece en los políticos profesionales.
Para más de uno ganar quiere decir asumir posiciones de poder que le permitan acrecentar sus rentas. Ni más ni menos. Para otros, es aún más que el dinero. Es el poder por el poder mismo. Mandar.
En el fútbol, lo mismo. Es donde se mueven millones de dólares. En la política también. Y en los negocios, no es casualidad, que los principales mercados mundiales tengan relación directa con la muerte: las armas, la droga, los medicamentos, sin quedar atrás el alcohol y el tabaco.
La intolerancia invade un mundo en el que los valores de la solidaridad, la justicia, la equidistancia están considerados como de "otra época".
La política, hoy en día, no es que requiere de los medios de comunicación. La política hoy no tiene otro escenario posible que los medios de comunicación. Ahí actúa, trabaja, funciona.
La construcción de la imagen política, de los candidatos especialmente, se realiza con las mismas herramientas que se usan para cualquier producto o servicio.
Así como la marca, el "brand", es el nexo, el link, que una persona usa para "ser", el político necesita lo mismo para ser votado, elegido y apoyado.
¿En qué se parecen Bill Gates, Clinton, Pepsi, Intel, Maradona, Madonna, Michael Jackson, Castro, etc.?. Son Marcas. Y si son Marcas requieren de Seis Variables Interdependientes básicas para su construcción: el nombre, la personalidad, la identidad, la simbología, el posicionamiento y el discurso marcario (Alberto Wilensky, La promesa de la Marca).
Pero hay una diferencia fundamental por la cual la política se vuelve intolerante.
La política simboliza la cumbre del poder. La política representa el Poder. Y parece ser que, a diferencia de los artistas y los deportistas, marcas como Mussolini, Hitler, Stalin (para no hacer nombres de actualidad), no pudieron ejercer el poder sin la Propaganda y el Fuego de la armas.
La intolerancia se perfeccionó con los medios. Hoy la web 2.0, Internet y la Blogosfera son caldos de cultivo para promover amor o guerra. Lo que pasa es que no estamos frente a un problema de "flora", sino de "fauna".
Ultima modificación: Lunes 28 de Septiembre de 2009 17:48
Marcelo Cosinn

Marcelo Cosinn

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